El «arte» de ser una familia….

«Cuentan que en una carpintería, hubo una extraña asamblea. Fue una reunión donde las herramientas se juntaron para hablar sobre sus diferencias. Un martillo estaba ejerciendo la presidencia, pero los participantes exigieron que él renunciase. ¿La causa? Hacía demasiado ruido y además, pasaba todo el tiempo golpeando.
El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuese expulsado el tornillo, alegando que él daba muchas vueltas para conseguir algo. Frente a ese ataque, el tornillo aceptó también la crítica, pero por su parte pidió la expulsión de la lija. Dijo que ella era muy áspera en el trato con los demás, entrando siempre en conflictos. La lija atacó, con la condición de que se expulsase al metro, que siempre medía a los otros de acuerdo a su medida, como si fuese el único perfecto.
En ese momento, entró el ebanista, juntó a todos e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo…Y la rústica madera se convirtió en bellos muebles.
Cuando el ebanista se marchó, las herramientas iniciaron su discusión de nuevo. Pero el serrucho se adelantó y dijo:
-Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el ebanista trabaja con nuestras cualidades, resaltando nuestros puntos valiosos…Por tanto, en vez de pensar en nuestras flaquezas, debemos concentrarnos en nuestros puntos fuertes.
Entonces, la asamblea entendió que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para limpiar y afinar asperezas, y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo, capaz de producir con calidad. Y una gran alegría se apoderó de todos, por la oportunidad de trabajar juntos»
Fuente: EL PROMOTOR (Marzo 2012)
José Luis Saborido Cursach, S.J.

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