NACIÓ YAGO

El día 15 de diciembre, en pleno Adviento, vino al mundo
nuestro pequeñín. Una bendición de niño, que nos está colmando de alegría, felicidad
y ternura desde que nació. Me he puesto a escribir esta entrada unas cuantas veces
y por diferentes razones nunca la he terminado. Es algo que no me suele suceder
pues no me cuesta escribir, las palabras me salen solas aunque frecuentemente
no encuentre las adecuadas para describir ciertos acontecimientos, o algunos estados de ánimo, pero eso me imagino que le ocurre a todo el mundo. Ante una
pena o una dicha muy grandes nos quedamos sin palabras ¿verdad?
No se si esa será la razón por la que no puedo escribir
sobre el nacimiento de Yago o tal vez porque no me ha quedado el mejor recuerdo
del mismo. Cierto que podría haber sido muchísimo peor, que soy una afortunada,
pero estoy muy mal acostumbrada y después de haber vivido nacimientos tan
bellos con mis hijos mayores, éste me ha sabido a poco… ¡qué le vamos a
hacer!
Justo la noche que cumplía las cuarenta semanas, soñé que estaba de parto. Si fue sueño o realidad nunca lo sabré, pero pudiera ser que realmente hubiese estado toda la noche con suaves
contracciones, ya que a eso de las seis de la mañana me desperté sobresaltada
pues había roto la bolsa amniótica. Era una situación nueva para mí, pues en mis
anteriores partos nunca se había roto la bolsa hasta el momento del expulsivo. De
hecho  dos de mis hijos nacieron con las
membranas integras. Durante todo el embarazo soñé con que mi bebé naciera en
casa, pero nuestras circunstancias entre ellas la económica, no nos permitían otro
parto domiciliario con asistencia de matronas y sin asistencia me parecía una
locura. Lo normal es que no ocurra nada terrible, pero ¿y si sucede?
O sea que  habíamos decidido ir al hospital a no ser que
el niño saliera así de repente (cosa que no pasó). Con tranquilidad pero sin
demorarme demasiado me duché, avisé a mi marido, preparé una mochila con libros,
pijamas, ropa para el bebé…Mientras Carlos encendía la chimenea
para que los niños estuviesen calentitos al despertar y en la cocina cortaba
jamón y preparaba una botella de vino para celebrar el nacimiento. Es ya una
tradición familiar, así hemos festejado cada uno de los nacimientos de nuestros
hijos.
Y en cuanto estuvimos listos salimos para el
hospital. Cuando llegamos, me exploraron, volvimos a hablar del tipo de parto que
queríamos y me dijeron que apenas había comenzado a dilatar por lo que nos mandaron a una
habitación de planta.
Amplia, pintada de azul, con vistas
a la sierra, no está mal…aunque es una habitación de un hospital y se me hace
muy extraño esperar a nuestro hijo en ese lugar frío, que no tiene absolutamente nada que ver con nosotros, pero es lo que hay.
Pienso que si el parto se prolonga va a ser un poco
aburrido. Nos dicen que si queremos pueden venir los niños. Pero ¿qué hacemos
todos metidos en una habitación mientras yo estoy con contracciones? No es lo
mismo que en casa, que ellos están a lo suyo, entran, salen, comen si tienen hambre, es todo natural.
Me doy otra ducha, me pongo un pijama, me traen una pelota
de pilates, Carlos va a por un refresco que me dicen es buenísimo para el
trabajo de parto, viene a hacernos una visita el capellán del hospital amigo nuestro que nos
bendice y por último viene la matrona que nos va a atender el parto. Ya le han informado de lo que queremos y se limita a monitorizarme un rato y decirnos que la avisemos si necesitamos algo. De no ser así en un rato se pasaría para ver como transcurría todo.
En seguida nos quedamos solos, miro el reloj  y ya son las doce
del mediodía. Llamamos a los chicos nuevamente y rezamos con ellos el Ángelus. Me
siento en la cama con las piernas cruzadas, mientras observo por el ventanal mecerse los árboles con el viento y vienen a mi muchísimos pensamientos, sensaciones e incluso algún miedo entrometido.
Hasta ese momento no había tenido sino contracciones muy suaves, pero de repente empiezan  con toda su fuerza. Cuando estamos tranquilos… cuando todo está bien…
Carlos me hace fotos y comienza a
controlar las contracciones. Son cada cuatro minutos, cada tres, cada dos, cada
uno, cada vez más seguidas, más intensas y más  largas. Él estaba emocionado y decía: ¡¡Qué bien, esto va muy
rápido!! Tan rápido, tan rápido que enseguida empecé a decirle que no podía
más. Él me decía: ¡¡Qué si cariño, que si puedes, como has podido todas las
veces!! Y recuerdo que curiosamente, no se por qué, pero me dijo que recordase a Kai y a Minaya. Tal vez para que me apoyara en ellos, que sin duda podrían interceder por mí y por su hermano desde el cielo.

En esos momentos ambos sabíamos que ya no
quedaba nada para tener a nuestro pequeño en brazos. Cuando sientes que no puedes más empieza lo mejor, de la misma manera que la salida del sol siempre está precedida por la hora más oscura de la noche. 
Nos miramos y sin palabras nos dijimos que
era la oportunidad de nuestras vidas. ¡¡Podíamos intentar tener solos a nuestro hijo!! Carlos se asomó al pasillo y entró contento diciendo que estaba todo muy
tranquilo, que no había nadie.
Bajamos la persiana dejando la habitación en penumbra, me
desnudé, cogimos unos empapadores, una sábana, todo lo que encontramos a mano para
tapar la cama y me puse en cuclillas pues ya sentía deseos de
empujar. Instantes después y en pleno expulsivo abren la puerta y entra la
matrona con la auxiliar. 
No quise ni mirar, pero me imagino la cara que pondrían. Se mostró bastante nerviosa, me preguntaba que por qué
empujaba…me decía que me tenía que dar la vuelta para poder explorarme, que me
tenía que monitorizar.
Yo seguía impasible, a lo mío. No cambié de postura, no
dije absolutamente nada, intentaba por todos los medios permanecer centrada.
No fue nada agradable, en el momento más emocionante
del parto, cuando por fin puedes ayudar de una manera más activa a tu hijo a
nacer, oír discutir a tu marido y a la matrona. La matrona empeñada en bajarme
al paritorio, mi marido que se responsabilizaba de todo lo que ocurriese pero
que por favor, me dejasen tranquila, que el bebé ya estaba naciendo. La matrona
poniéndome los cinturones para monitorizarme y yo quitándomelos porque me
molestaban muchísimo, me descentraba cada vez que me ponía el gel, el escuchar el sonido del monitor me ponía de los nervios.  Sólo deseaba que me dejasen en paz. Tenía ganas de gritar para que se fuesen y nos dejasen solos, pero logré permanecer absorta en lo mío, no podía derrochar fuerzas en algo ajeno y extraño a nosotros.
Debieron ser escasos minutos, pero se me hicieron eternos
y muy desagradables. Recuerdo todos mis partos anteriores, esos instantes en los
que estás fuera de ti misma, escuchando tan solo alguna palabra de ánimo, pero
ante todo: el silencio, la calma, la paz, la espera tranquila, sosegada, aunque con
cierto nerviosismo. Todos los presentes sobrecogidos y desbordados de sensaciones ante el acontecimiento que se avecina.
De repente la matrona dijo que adelante, que naciese el
bebé en la habitación, aquello me 
tranquilizó bastante y enseguida pudimos ver la carita de nuestro bebé. Luego me contó
Carlos que en el momento en el que salió la cabeza del bebé, la matrona no
aguantó más y le “ayudó” para que saliese el resto del cuerpo. Me dio muchísima
rabia cuando me enteré, pues no es en absoluto necesario. Los niños saben nacer,
no necesitan ayuda, no había ninguna necesidad, pues todo estaba transcurriendo
con absoluta normalidad. 
Me pusieron al bebé encima del pecho tapado con una
toalla, inmediatamente empezó a mamar. La matrona estaba muy preocupada por el
riesgo de hemorragia al ser una gran multípara, ya que no habían tenido ocasión
de cogerme la vía. Comprobaron «asombrados» que apenas sangré  y enseguida cortaron el cordón. En casa el corte del cordón es cuando deja de latir, a la
media hora o incluso más tarde, aquí yo insistí en que seguía latiendo, que
esperasen un poco, pero parecía como si el edificio estuviese en llamas o algo
así, pues no podían aguantar ni un minuto más. El alumbramiento se produjo
enseguida, pero también  notaba mucho
nerviosismo en la matrona y cierta urgencia para que la placenta saliera ya. Los ritmos de la madre y el bebé son radicalmente diferentes a los de los profesionales sanitarios. Los primeros necesitan que todo se ralentice, necesitan tranquilidad, silencio, que se pare el tiempo. Los médicos, las matronas, los auxiliares están en otra onda y buscan rapidez, eficiencia, que todo esté bajo control. Como me dijo una amiga enfermera: «Cariño, los hospitales no son buenos ni para nacer ni para morir»
En honor a la verdad he de reconocer que en pocos minutos
estaba en la misma cama donde nació mi hijo pero perfectamente limpia, y los
tres solos celebrándolo con nuestro vinito tinto y el jamón serrano. A partir
de ese momento entraban de vez en cuando a preguntar qué tal estábamos,
tomarnos la temperatura, mirarme la tensión, etc…pero ya no se entrometieron en nada. De hecho el
bebé durmió conmigo todo el tiempo, casi siempre encima de mi pecho y no
hicieron ningún comentario. Encantados de que optase por la lactancia materna a demanda, tampoco me intentaron convencer cuando dijimos que no queríamos vacunarle. En todo lo relacionado con el cuidado del niño me sentí tan libre como si estuviese en mi propia casa.
Fue muy emocionante cuando vinieron a conocerle sus
hermanos y unos amigos muy queridos. Me quedé esa noche a dormir en el hospital con mi hijo mayor pues
Carlos debía estar en casa con los pequeños. A la mañana siguiente pedimos
el alta voluntaria, que me dieron sin problemas, aunque insistían que mejor me
quedase por si surgía alguna complicación y sobre todo para que descansase.
¿Descansarrrrrrrrrrrrrrr? Me moría de la risa, pero si no me dejaban
tranquila ni un momento. Mi hijo me decía muy sensatamente: ¡¡¡Mamá que esto es
un hospital, no un hotel!!!
Pasamos una noche muy entretenida, la verdad es que yo
nunca duermo el día que he dado a Luz, por lo que no me importó «demasiado» que entrasen en
la habitación cada dos por tres para ofrecernos un vaso de leche, bajarme la
persiana porque yo la tenía levantada pues no soportaba tanto calor,
preguntarme si el bebé había hecho caca, tomarme la temperatura, tomarme la
tensión, brrrrrrrrrrrrrrrr. Al final mi hijo ya se empezaba a mosquear y cuando
a las siete o las ocho de la mañana se reanudó la rutina hospitalaria decía
que se quería marchar a casa YA, ja,ja..
En seguida vinieron a buscarnos Carlos y los niños.
Cuando llegué a casa la sensación fue maravillosa, nunca lo olvidaré. Todo
estaba limpio y recogido, habían comprado flores de Pascua y un árbol para
plantarlo en el jardín sobre la placenta (que nos dejaron llevar del hospital)
Después de comer me tumbé en el sofá con mi hijito y
vimos una película toda la familia junta. Por fin, pude descansar, me sentía
desbordante de felicidad (la verdad es que no me sentía así, me sentía como si fuera a morir de amor,  pero no tengo palabras para definir ese estado tan glorioso). No podía dejar de llorar de emoción por ver a mi chiquitín sano,
robusto y encima tan bonitooooooo. También lloraba por los bebés de la familia que se
fueron tan pronto, sobre todo por el último bebé recién nacido que había tenido
encima de mí. Los recuerdos se agolpaban en mi mente constantemente, el
contraste entre  la absoluta felicidad y
la mayor tristeza. Los misterios de la Vida y de la muerte. 
Cuando en el hospital cogieron
las huellas de Yago fue un momento terrible, recordaba que hacía cuatro años es
lo único que me llevé conmigo a casa: 

¡¡Además de un útero vacío, unas huellas de
bebé!! 

Siempre me
he sentido dichosa ante el nacimiento de cada uno de mis hijos, pero ahora la
felicidad me sobrecoge, me supera, siento que me desborda, de manera directamente proporcional a como
me desbordó la pena hace cuatro años.



“Ha nacido un nuevo hijo. Llegó, y la casa se llenó de fragancia. Parece
primavera. En Ti, Padre santo hontanar de toda paternidad, en Ti están todas
nuestras fuentes. Nos has enviado un regalo deseado y soñado: Un niño ha
llegado al banquete de la fiesta. ¡Sea bienvenido! ¿Con qué palabras te daremos
gracias, Señor de la Vida, con qué palabras? Gracias por sus ojos y sus manos,
gracias por sus pies y su piel, gracias por su cuerpo y su alma. En tus manos
de ternura lo depositamos para que lo anides y lo mimes y lo llenes de dulzura.
Padre santo y querido, pon un ángel a su lado para que cierre el paso a la
enfermedad y todo mal y lo guíe por el sendero de la salud y el bienestar. El
Bien, la Paz y la Bendición lo acompañen por todos los días de su vida. Amén”.
                                
PADRE IGNACIO LARRAÑAGA


30 comentarios en «NACIÓ YAGO»

  1. Palomaaaaaaaaaaaaaa!!! Qué relato más bonito, ¡¡qué envidaaaa!!! jajaja.
    Y qué fotos tan bonitas. Tienes una familia preciosa!! Pero no me extraña con una mamá así!!!! Se os ve la felicidad. Un abrazo muy grande y un besito para este bebe precioso!!!

  2. Ay mi Paloma, qué alegría tan grande!! ha sido un parto bonito pese a todo y a todos, me alegro tanto… y Yago es tan bonito, tan feitiño, como decimos los gallegos.

    Os mando un beso enorme, enorme a todos, disfrutad inmensamente esta nueva vida. Te iba a decir que Dios os bendiga, pero lo cierto es que ya lo ha hecho.

    Muchos besiños
    meni*

  3. Ay mujer!!! Qué dicha!! Y mira que en el hospital te fue super bien… Si supieras los relatos que he leído y escuchado…
    A disfrutar!

    Muchos abrazos!!

  4. Muchos besiños Meñi. Os echo de menos a todas, nuestras juergas por las noches ja,ja…pero están cambiando las circunstancias de todos y cada vez es más difícil conectarse.
    Muchas gracias guapa y ya ves que nos ha bendecido, con una bendición de las gordas. Muak!!!

  5. ¿Viste Zinnia? No fue tan mal ¿no? Yo también he oído de todo y después de lo que he vivido me lo creo. La verdad es que no me puedo quejar, sobre todo viendo a mi niño.
    Un besote.

  6. Wow!!!!!!! Querida Paloma, muchas feliciades!!!!! Me alegro muchísimo por este hermoso bebé que Dios les ha dado!!! Qué bendición que todo salió bien!!
    Yo también he estado muuuuy desconectada de la blogósfera… jijijiji
    además te ves guapisima!! Tienes una bella familia querida amiga!!! Te mando un beso y un abrazo muy fuerte!!!

  7. Xhonané mil gracias y mil perdones pues no te escribí para contarte que ya había nacido. La verdad es que estamos "desbordados" ja,ja…pero se que lo comprendes. Muchas gracias también por haber rezado durante el embarazo.
    Un fuerte abrazo.

  8. Me vas a perdonar pero me ha resultado hasta cómico la historia de tu parto…tan subrealista!! Es que sois únicos…intentando parir solos en un hospital!!… Rebosáis libertad… bendita libertad…
    Me alegro de vuestra alegría y la comparto… Enhorabuena familia…

  9. Que divino es Yago!felicitaciones a la familia toda! Me da felicidad saberlos así de bien y de juntos… no me aguantaba escuchar el relato jajaja, tanto que tuve que preguntarte! 😉
    Me pasa como a Mitasmun, lo leo y me trasmite poder, empoderamiento, libertad, lo de Carlos espiando el pasillo e intentando parir solos! y casi casi lo logran 😛 JA!

  10. Vilma qué alegría me da compartir contigo tanta felicidad. No he tenido tiempo para escribir a nadie comunicándole la buena nueva, pero poquito a poquito me iré poniendo al día. Muchas gracias por estar tan cerca. Si tienes oportunidad cuéntale a Jime, que seguro se alegrará mucho, yo creo que no sabía ni de mi embarazo.
    Un fuerte abrazo.

  11. Paloma qué inmensa alegría todo salió muy bien y es cierto que es una preciosura ese bebé. Comparto muchos de tus sentimientos, cuando tenemos pruebas duras la felicidad tiene un sabor diferente, mas profundo y comprendemos el amor de Dios de esta manera un camino de flores y espinas constantemente, de cruz y resurrección. FELICIDADES!!!!!Con cariño Laura.

  12. Laura muchas gracias, en verdad las pruebas son una bendición que nos ayudan a aprender a vivir, a agradecer las pequeñas cosas cotidianas, a saber apreciar los pequeños y grandes milagros a nuestro alrededor. Un fuerte abrazo.

  13. Paloma querida, no, no sabia de la dulce espera siquiera. Ya hace mil años q no leo blogs.
    Vilma me acaba de avisar y luego vi tu mail.
    Me algero tanto tanto de que Yago esté en familia, hermosa familia le toca, q afortunados todos.
    Gracias por las fotos, se los ve radiantes y felices, no es para menos.
    Leí todo el relato, viajé en el tiempo y en las emociones… Ha sido un nacimiento de lo mejor que pudo haberles pasado en un htal dónde no saben acompañar la fisiológia del nacimiento, seguro dejaron su huella allí, huella de Amor.
    Celebro que hayan elegido lo mejor que podían a conciencia y todo haya salido de lo mejor posible, hasta volverse a casa al día siguiente por decisión propia, y que todo sea nido, familia, amor.

    Una vez más me da pena estar tan lejos… Más me alegro con ustedes por esta vida que los elige y que recibe tanto Amor.
    Abrazo inmenso para vos y el gran compañero Carlos y todos los niños. <3

    Amén por la hermosa plegaria del Padre Ignacio.

  14. Ah, y esa foto de Yago, esa sonrisa! Un sol!
    Y vos, radiante con él a upa.
    Y la de todos juntos, tan felices se los ve… Q no dejo de llenarme de felicidad x ustedes. Gcs Paloma!

  15. Querida Paloma. No sabes cuánto me ha alegrado leer saber del nacimiento de Yago. ¡ Me ha encantado tu relato y las fotos ! Yago es precioso y el resto estáis todos guapísmos ! Formais una hermosa familia. ¡¡ Felicidades !!

  16. Paloma, me he llevado una alegría enorme! Muchísimas felicidades! Sin conoceros personalmente, sois una familia maravillosa que os hacéis querer. Es verdad que se aprecia en vosotros una libertad que da gusto y que es un ejemplo a seguir. Yago es precioso! Un abrazo

  17. Jime durante el embarazo apenas me atrevía a compartir mi estado pues tenía tanto miedo…
    Pero finalmente fíjate que alegría ha llegado a nuestro hogar. Me da gusto compartir con vosotras estos momentos de felicidad. Muchas gracias por tus palabras.
    Un abrazo fuerte, fuerte.

  18. Gracias Jasmin, estuve a punto de llamarte hace un par de meses cuando estuve en el Rincón pero siempre voy pocos días y aprovecho para estar con mis padres. A ver si otra vez puede ser ja,ja…
    Muchas gracias por tu comentario y un fuerte abrazo.

  19. ¡¡¡Qué alegría tan grande!! ¡¡Muchas felicidades!! ¡¡Qué bendición disfrutar de un nuevo bebé!! Sois una familia preciosa <3

    Un abrazo enorme y mullones de mimitos al bebé recién llegado.

    Elena

  20. ¡¡¡Ya ves Elena!!! Ya no me imaginaba yo con un bebé en brazos y fíjate…qué regalo.

    Un abrazo y ánimo que aunque nunca olvidaremos a los que se fueron tan pronto, la vida te puede volver a sorprender.

  21. Paloma, tres meses de retraso traigo… ¡¡qué vergüenza!!
    Un millón de beso, de abrazos y de felicitaciones en el primer trimestre.

    Yo creo que fue un nacimiento grandioso y te has librado del potro de tortura… ¡eres increíble!

  22. Muchas gracias Ipe y no te preocupes por el retraso ja,ja…nunca es tarde si la dicha es buena. Un abrazo fuerte para ti y otro para Juan Carlos.

  23. Carolina fíjate que bendición más inmensaaaaa.
    Gracias por el piropo, será la felicidad porque otra cosa…ja,ja…
    Un fuerte abrazo.

  24. Paloma: y yo tan ocupado criando a nuestra Sara, que nació mañana haré justamente 18 meses, no me he enterado de nada.

    ¿Qué te puedo decir que tú no sepas?

    ¡Enhorabuena a toda la familia! ¡Familia grande y gran familia!

    Un fuerte abrazo.

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