2 Homeschooling con escuelas a distancia ¿si o no?

Loren Entz

 

Seguimos con las escuelas a distancia. Aquí está la primera entrada, en la que hablaba de la ventaja de tener a los niños matriculados en alguna escuela de este tipo. Me habéis escrito con un montón de dudas. Voy a intentar resolver las más frecuentes.

En primer lugar, he notado que hay cierta confusión respecto al funcionamiento de estas escuelas. Por supuesto no todas son iguales, pero más o menos la filosofía que hay detrás, sí es la misma. Cuando una familia hace homeschooling es evidente que se responsabiliza de la educación de sus hijos. Si no fuera así nadie se metería en este embolado. Si resulta que vamos a tomar las riendas de la educación integral de nuestros hijos para luego delegar en vez de en el Estado, en una escuela a distancia… eso no tiene mucho sentido. Por eso la misión de estas escuelas es la de ser una ayuda para las familias. Pero paradójicamente,  constatamos que, en ocasiones, lejos de ser una ayuda pueden convertirse en una carga. Y ahí es donde nosotros como padres responsables hemos de reaccionar y si vemos que la escuela nos asfixia con evidencias, horarios, etcétera sencillamente cambiar de escuela.

Estos días he hablado con muchas madres que dicen estar agobiadas porque sus hijos no siguen el ritmo… ¿O sea que sacamos a los niños en el colegio o no los escolarizamos porque queríamos que nuestros hijos aprendiesen a su ritmo único y perfecto y ahora nos vamos a estresar porque en una escuela tenemos que presentar evidencias para un niño de cinco años como si fuera un universitario?

¡Venga ya!

Hemos de reflexionar y decidir si es eso realmente lo que queremos y si no es, habrá que tener la humildad suficiente como para reconocer que nos hemos equivocado y que vamos a hacer las cosas de otra manera. Con otra escuela o sin escuela. No son imprescindibles. Lo que sí es imprescindible es aprender a ser humilde porque desde el momento en el que nos convertimos en padres vamos a necesitar dosis grandes de esta virtud.

El otro día os comentaba las ventajas que yo veía, pero cada familia tiene que ver si le compensa, y sobre todo informarse bien antes de matricular a los niños del funcionamiento y requerimientos de la escuela.

Hay mucha gente que piensa que estas escuelas imparten clases online, pero al menos en España no es lo común. En teoría, el hecho de tener a los niños matriculados en una escuela sombrilla no debería afectar al día a día.

Pero ¿afecta o no?

Os pongo el testimonio de una mamá (omitiendo el nombre de la escuela y otros detalles personales). Lo he elegido porque refleja muy bien lo que me comentáis frecuentemente.

«Buenos días Paloma. Me ha encantado tu último post. Son palabras que me vienen como agua fresca de marzo. Pensaba en mis agobios, sobre todo en este tiempo de “organización de evidencias” y me preguntaba de qué manera me influye el hecho de tener que cubrir expediente en las materias de las que tengo que presentar evidencia a la hora de “dejar jugar” a los niños sin interrumpir su juego. Me encanta formar parte de (…). Pero a veces me pregunto, si no estaría más tranquila yo y les dejaría a ellos más tranquilos en sus juegos si no les “matriculara”, si no les tuviera que estar “chinchando” para dejar su juego y hacer un poquito de matemáticas, o de arte, o de lengua… Por otra parte, sé que el unschooling total, también me pondría un poco nerviosa, porque fomentaría mi percepción, probablemente equivocada, lo sé, de que no aprenden nada (…)».

Es un difícil juego de malabares para equilibrar todo. Lo que dice esta madre es un poco lo que nos pasa en mayor o menor medida a todas las familias. No queremos perder libertad y a la vez el hecho de tener a nuestros hijos en una escuela nos facilita, además del acceso a estudios superiores (si no en España, sí en otros países), el hecho de que el homeschooling sea un poco más formal y organizado.

Hay alguna consideración que se me viene a la cabeza:

  • Si tenemos a nuestros hijos matriculados en una escuela a distancia, hablar con las personas que las llevan, las asesoras pedagógicas, etcétera, porque a lo mejor nos estamos agobiando y en realidad es un problema nuestro y no de la escuela. Recordad que somos nosotros los que nos responsabilizamos de la educación de nuestros hijos, los que mejor los conocemos y los que tendremos que decidir lo que van a estudiar, cuándo lo van a estudiar y cómo.
  • Enterarse bien antes de matricular de los requisitos, de la manera de entregar las evidencias y demás. Yo siempre digo que lo que no quiero es complicarme la vida ¡más todavía!  O sea que si por hacer unas evidencias voy a tener que dejar de hacer homeschooling no me interesa.
  • Si por el contrario se trata de una familia que quiere que le den todo planificado y que sea la escuela la que corrija los exámenes y trabajos y califique a los niños también existe esa posibilidad en algunas escuelas. Es literalmente llevar el colegio a casa, pero… existe y hay familias que es exactamente lo que quieren para sus hijos. También hay circunstancias diferentes. No es lo mismo hacer homeschooling desde que los niños nacen, que desescolarizar cuando los hijos son adolescentes y no se tiene experiencia. En casos así estas escuelas pueden ser de ayuda.
  • Aprender a descubrir matemáticas en la naturaleza, química en la cocina, arte en los paseos por la ciudad o por el pueblo (en España sales de casa y hay arte por todos los lados) y que esas sean nuestras evidencias. La educación como algo vivo.
  • Escuchar más a nuestros hijos que a la escuela o a nosotros y nuestras expectativas. Que si, que a mi me gustaría que mis hijos leyesen a Virgilio en latín, pero casi con seguridad (os aviso a las que tenéis niños pequeños) a ellos eso no les va a interesar y sus intereses os van a sorprender seguro (y no siempre os van a gustar). C´est la vie. Queremos que sean libres y la libertad es así… No seamos como los adultos que describe Kenneth Grahame: «uno de sus rasgos más desesperantes (…) era su incapacidad para disfrutar de los placeres de la vida; y eso que tenían licencia absoluta para hacer lo que les diera la gana. No me cabía en la cabeza que, pudiendo chapotear en un estanque todo el día, perseguir pollos, trepar a los árboles con la ropa de domingo, salir a la calle sin pedir permiso, comprar pólvora a los ojos de todo el mundo, disparar cañones y explotar minas sobre el césped… jamás hicieran nada de esto».
  • Parar de vez en cuando, reflexionar y ver por qué nos estamos estresando. Reconozco que al presentar las evidencias me gusta sentirme orgullosa de los trabajos de mis hijos y que hay mucho de vanidad en ello. Lo importante no es eso: lo importante son ellos, que aprendan, que sean felices, que sean buenas personas, y que vivan la vida intensamente.

Continuaré el tema en otra entrada porque aún hay mucho de lo que hablar. Podéis dejarme, como siempre, los comentarios o dudas por aquí o en Instagram. Os escucho.

Comparto una cita del  libro que leía anoche en la cama y que viene como anillo al dedo.

«(…) se rebeló el pequeño hombre natural que llevaba en mí e hice un voto (…) de que a las lecciones iría quien las inventó, no yo. Sea como fuere, solo había geografía aquella mañana, y experimentarla viajando yo por mi cuenta valía tanto como toda la teoría que todos los libros del mundo pudiesen aportar. Así que seguiría con mis viajes, y que las importaciones y exportaciones, las poblaciones y las capitales se esperasen, mientras yo exploraba el palpitante y colorido mundo que me aguardaba afuera (…) Así que eventualmente me deslicé a través del seto como un solitario inconformista, y emprendí el camino mientras el resto del mundo civilizado seguía amarrado al pupitre».

La edad de oro de Kenneth Grahamear

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