Sobre la lectura


“Antes de que los signos se
volviesen para mi descifrables, eran sonidos, y eran los mayores quienes poseían
la capacidad de traducir los signos en palabras y con las palabras construir un
cuento…De modo que leía escuchando y oliendo. Las palabras de las historias
estaban indisolublemente ligadas a los olores.

El tío Rodolfo leía historias de las
que emanaba un olor a clavo de clavel mezclado con una infusión que tenía un
nombre precioso: kardadé. Las historias que leía Rosinella olían a manzanas
porque la estancia de la buhardilla donde me las contaba estaba llena de
pequeñas manzanas verdes. Las historias que me contaba mi madre olían a frío:
estábamos en el país de la nieve y siempre era invierno, o casi, luego aprendí
a descifrar los signos. Ya estaba harta de esperar. Aprendí sola, pillándolos a
todos por sorpresa…

…Ahora que podía descifrar los
signos sola me sentía poderosa y fuerte, podía leer sin esperar a que alguien
lo hiciese por mí. Y empezó una aventura de la que enamoré” 
Giulia Alberico, Los
libros son tímidos,
Ed. Periférica. Nápoles 1997 (La negrita es mía)


Me encanta la manera en la que la escritora describe los sentimientos que la embargaban cuando aún «no era lectora», sino que leía escuchando y oliendo ¡qué bonito! Eso de que aprendiese ella sola, ¡sorprendiendo a todos! porque ya estaba harta de esperar, creo que es algo que nunca me va a pasar con mis hijos ¿será porque son chicos? ¡qué podrían envejecer tan tranquilos siendo analfabetos! Y lo bueno es que se ponen a hablar con cualquiera y claro le dicen «lo que han leído» a lo largo de su vida y todo el mundo se queda alucinado….pero es que su sentimiento, es realmente de lecturas que hemos, han hecho.

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